• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

Palabras a la Vida

Regala palabras a tus seres queridos

  • Inicio
  • Blog
  • ¿Hablamos?
  • Un regalo para ti

armonía

CARGAR LAS PILAS Y QUE DUREN

«Cargar las pilas» nos ayuda a sentirnos más auténticos y abiertos a la vida. Tú puedes hacer que duren y duren.

 

¡Hola, caminante!

El calendario acaba de permitirnos un alto en el camino. Unos días de fiesta en los que cada uno hemos podido nutrirnos con lo que en verdad nos motiva. A cada uno nos  habrá movido nuestra razón: el recogimiento, el esparcimiento, los encuentros, la naturaleza, la acción, la reflexión… En todos los casos lo importante ha sido ir a las fuentes que sabemos nos nutren. Cargar las pilas, fortalecer los corazones, inspirarnos…Da lo mismo cómo lo llamemos.

Cada persona buscamos la paz — la quietud mental, la paz interior– a nuestra manera. ¿Para qué? Para que cuando, luego,  las circunstancias de afuera nos sean difíciles de entender, ir adentro y buscar vínculos con esa armonía de la que nos hemos ido alimentando.

Al igual que las olas, la vida trae y lleva

– La vida es un camino lleno de todo –dijo la abuela Margarita– Cuanto antes aceptéis esto, antes os liberaréis de ser víctimas de vuestras historias.

Las nubes, en la línea del horizonte, se habían teñido de un rojo rosáceo, intenso, entremezclado, ahora, con tonos azules grisáceos, a veces violetas.  Atardecía en la aldea y la abuela Margarita contaba sus historias junto al roble centenario.

– Es como las olas del mar –siguió la anciana–. Siempre traen algo y siempre se llevan algo.

– Yo temo lo que la vida pueda llevárseme  –dijo una mujer madura, de unos cincuenta años, que apretaba la mandíbula con cierta tensión–

– Cuando temes, te aferras — respondió la abuela Margarita– y si fuerzas la vida, sólo encontrarás resistencia. Cuando pierdes, ganas algo; cuando alguien se va, alguien viene. Deja irse  lo que tenga que irse  y confía siempre en que lo mejor está en camino.

 

Además de este microrrelato de la abuela Margarita quiero dejaros una seria de consejos para fortalecer el corazón. Os propongo elegir, de vez en cuando, el que más os llame y practicarlo durante una semana, teniéndolo presente cada día, o mejor, cada instante de cada día. Los consejos no son míos. Son del Papa Francisco.

1. Sonreír.
2. Dar las gracias (aunque no «debas» hacerlo).
3. Recordarles a los demás cuánto los amas.
4. Saludar con alegría a esas personas que ves a diario.
5. Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor.
6. Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita.
7. Levantarle los ánimos a alguien.
8. Celebrar las cualidades o éxitos de otro.
9. Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita.
10. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse.
11. Corregir con amor, no callar por miedo.
12. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti.
13. Limpiar lo que usas en casa.
14. Ayudar a los demás a superar obstáculos.
15. Llamar por teléfono a tus padres.

 

Palabras a la vidaDeja un comentario

LA SERENIDAD SALVA

La serenidad nos da claridad y paz mental. Hoy dedico el emo-cionario a este superpoder que podemos entrenar, como si fuera un músculo.

 

¡Hola, caminante!

No te olvides de mirar al cielo en tu caminar. Si tuviera que poner una imagen a la serenidad, sería el cielo en calma de una noche estrellada. Lo he hecho intuitivamente pero en su origen, serenidad, deriva del latín serenus: sin nubes, apacible.

Con la imagen hermosa de las estrellas, he cerrado los párpados y he pedido a mi corazón que me traiga serenidad, belleza, creatividad. En mí no puede darse una cualquiera de ellas sin las otras. Van entrelazadas.

Soy serenidad cuando me pongo a las órdenes del corazón. Significa que despejo mi firmamento interno y declaro que Él, el corazón, es mi sol y todo comienza a girar a su alrededor. Cuando te entregas al poder del corazón, te paras, dejas que las cosas sean, y, de esa quietud, brota la serenidad.

A la serenidad suele precederle la agitación. Ocurre con casi todos los sentimientos de la calma.  Ya habrás escuchado, caminante, que tras la tempestad, siempre viene el sosiego. Pero cuando le pides a tu corazón que te traiga serenidad, le estás diciendo que no quieres la quietud mental como algo transitorio, sino muy al contrario: que quieres quedarte a vivir en ella. ¿Y sabes qué? Es posible.

Es cuestión de abrirse a lo que nos traiga el corazón. Dejarle que él sea el maquinista. Observa, caminante, que digo todo el rato el corazón, y no la mente.

La mente es la que nos teje las tempestades: el temor de lo que va a suceder, la duda de cómo actuar, la espera de algo que deseamos. Así se ciernen las tormentas y las borrascas profundas.

Entregarse al corazón es confiar y, sobre todo, no juzgar. Ésta es la clave para entrenarse en serenidad.

Ya sé que nos cuesta renunciar a emitir juicios, y a mí la primera. ¿Quieres saber, caminante, qué es lo que yo hago?

Si queremos dejar de juzgar, hemos de hacerlo con nosotros mismos. Si no te has dado cuenta, y has enjuiciado o estás enjuiciando, apártate de tu mente y vete a tu corazón. Cierra tus ojos y concéntrate en él. Díle entonces que ya sabes, porque él te lo ha enseñado, que juzgar es una ilusión. Que nadie podemos juzgar ni a nosotros mismos ni a los demás porque creer esto es una falacia.  Es lo mismo que si creyéramos que podemos volar. No nos corresponde volar ni tampoco juzgar.

¡Pruébalo cada vez que te sorprendas juzgando y sientas que no deberías estar haciéndolo! Ya verás cómo enseguida le devuelves el poder a tu corazón. Es tu sol.

Emo-cionarioDeja un comentario

sidebar

sidebar-alt

© 2026 Palabras a la vida Regala palabras a tus seres queridos

  • Política de privacidad

Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies

Configurar cookies

Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.

Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.

Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.

Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.