• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

Palabras a la Vida

Regala palabras a tus seres queridos

  • Inicio
  • Sobre mí
  • Blog
  • ¿Hablamos?

luz

EL CUENTO DE LA LUZ Y LA SOMBRA

Los cuentos de coaching de Palabras a la Vida ayudan a conocerse mejor. En éste, descubrimos la sombra que nos acompaña y para qué está ahí.

Estoy fascinada con la «Mujer Salvaje». Es la mujer que ha existido siempre. Tiene que ver con todas esas facultades propias de lo femenino: lo instintivo, lo intuitivo, lo cíclico, la fuerza creadora y dadora de vida, esa sabiduría natural que sabe lo que hay que saber…

Por eso, «ser mujer» es un gran poder, exclusivo de nosotras, las mujeres. ¿Te conectas con esta feminitud natural?

En mis cuentos de coaching, el personaje central trata de dar expresión a esta «Mujer Salvaje». Así han nacido «la mujer chamán» y «la abuela Margarita». Si sueles leer este blog, ya te habrás encontrado con ellas.

La chamán y la abuela Margarita son las protagonistas en los cuentos de coaching : en unos relatos, una y en otros, la otra.  Junto a ellas, siempre aparece una persona que busca para encontrarse y vivir en coherencia con la vida que quiere.

Como véis, vuelvo a insistir en que los cuentos de coaching también son para el verano. Si te gustan las historias que te mueven algo por dentro, estos cuentos son para ti. No puedes olvidar que la «Mujer Salvaje» está llena de una magia muy potente. Por eso, yo no puedo dejar de escribirlos:

En toda sombra hay una luz

 

Tuuuuuu, tuuuuuuuu. La abuela Margarita llevaba sus labios a una gran caracola blanca y cada vez que soplaba, producía este hermoso sonido. Lo hacía orientándose a cada uno de los puntos cardinales. Decía que era para saludar a todos los antepasados. 

– Gracias a ellos, hoy, todos nosotros podemos estar aquí.

Fue su primera frase nada más sentarse bajo el viejo roble. Después, miró al horizonte, teñido por el rojo oscuro del atardecer.

– A cada uno de nosotros nos acompaña una sombra. ¿Cúal es la tuya?

Lanzó esta pregunta al aire sin dejar de mirar la oscuridad del ocaso.

– La sombra — continuó — está formada por lo que reprimimos, por lo que nos avergüenza, por lo que tememos…La hemos ido encerrando en una mazmorra bajo llave. Y no lo conseguimos.

– ¿Qué es lo que no logramos?  — preguntó una mujer muy joven —

– Pensamos que, no viéndola, la olvidaremos y que así  ella — la sombra — se olvidará de nosotros. Pero cuando creemos esto, — advirtió la abuela Margarita — es que ya se ha hecho tremendamente fuerte y nos está dominando. Nos tiene sometidos sin que nos demos cuenta.

– ¿Y se puede salir de sus redes?  — quiso saber esta vez un hombre de piel muy morena y bello perfil —

– ¡Por supuesto que sí! — sonrió la sabia anciana — . Sólo hay que atravesar el túnel hasta nuestras mazmorras. Es doloroso encontrarse con lo que reprimimos, nos avergüenza y tememos. Pero es el único camino. Y aunque os sorprenda, la sombra quiere ayudarnos.

La abuela Margarita, como hacía algunas veces, guardó unos minutos de silencio. El círculo que formaba el auditorio a su alrededor no parpadeaba.

– Sí, habéis oído bien — continuó –. La sombra está ahí para indicarnos a qué lugar, dentro de nosotros, hemos de llevar luz. Por eso, habéis de aceptarla : aceptar que forma parte de vosotros e integrarla.  Entonces os sentiréis completos y en paz. Ahí empieza la alquimia.

– ¿En qué consiste? — interrogó un joven que sonreía con los ojos —

– Con la aceptación se abre la puerta de la transformación. Es el momento de aprovechar la tremenda energía de la sombra y convertir su fuerza limitadora en potenciadora. Reciclad esa fortaleza y ponerla de vuestra parte. Siempre hay unos residuos que no se pueden reciclar. Pero no os preocupéis: la sombra ahora es pequeña, la habéis desactivado y ocupará, dentro de vosotros,  sólo el lugar que le corresponde.


cuentos de coaching

Cuentos de coaching2 comentarios

LA LUZ DE UNA VELA EN LA VENTANA

Era como un alféizar interior, dentro de la casa, junto a la ventana. La anciana mujer se dirigió a la repisa, encendió un cabo de vela y miró con melancolía a las estrellas.

A ella no le extrañó. Era lo que solía hacer su abuela muchas noches.

-«Es para nuestros antepasados -repitió  una vez más la vieja mujer-. Si están confusos o perdidos esta luz les indicará que ésta es su casa. Con la luz de la vela sabrán que les seguimos honrando. Sin ellos, no estaríamos disfrutando ahora de esta vida. Es también una muestra de gratitud».

Nunca supo a ciencia cierta cómo elegía la abuela el momento de llevar a cabo ese ritual. Desconocía cuál era esa llamada interna que le llevaba al alfeízar de piedra, como si fuera un altar, a encender aquella mecha de cera enrollada a una madera oscura, hermosamente labrada.

– «Lo hago las noches sin luna» – le dijo una vez-

Pero en esa ocasión,  que ahora recordaba, había cuarto menguante.

Cuando ella creció supo que la abuela tenía razón y que su ritual lo hacía las noches sin luna. Sin luna en su alma. Al encender el  fósforo, prendía la cera, y aquella luz resplandeciente que pretendía ser el faro para los antepasados, se volvía su propia luz.

Con el tiempo comprendió que la luz brilla para ser compartida.Tanto cuando se tiene como cuando se anhela.

– » De nada sirve ser luz – le explicó un día la abuela-  si no vas a iluminar el camino de los demás».

Habitualmente la anciana mujer resplandecía. Era el referente luminoso para ella, que era su nieta, y para muchas personas más. Pero cuando encendía la vela del alféizar era porque llevaba un tiempo  que se había perdido en la oscuridad. Y entonces buscaba fuera lo que había extraviado dentro. Lo recuperaba invocando a los antepasados.

Para la abuela sentirse un eslabón más en la vida era abrirse a la eternidad y eso le devolvía la luz. Porque si miras hacia el pasado o hacia el futuro y resuenas en los corazones de ayer y en los de mañana tu tiempo será inagotable.

– «No huyas de tus tinieblas -le dijo un día la anciana- Te seguirán ofuscando también en tu ocaso, como a mí. Pero ten claro que siempre traen la semilla de la luz. Búscala. Aunque no lo creas siempre hay algo en tí inconquistable para las sombras»:

Mi abuela simplemente encendía una vela y prendía su alma. Y lo que es más importante: volvía a ser nuestro faro y es que, como ella me enseñó,  la luz  sólo sirve si ilumina los caminos de los demás.

 

Palabras a la vidaDeja un comentario

Cuentos de coaching: «AL IGUAL QUE EL SOL HACE CON LAS NUBES»

Sabía que lo que se interponía entre ella y la vida eran sus pensamientos. Algo tan inconsistente y tozudo como una opinión. Inconsistente porque no existe una sola opinión. Son miles y perfectamente intercambiables, si no fuera porque haciendo caso de nuestros pensamientos nos volvemos su esclavo y les otorgamos la etiqueta de verdad. Por eso ella sabía que aunque pudieran ser volátiles, porque en realidad lo eran, casi siempre volvía a sus pensamientos inquebrantables. Una dictadura que causa demasiado sufrimiento.

Por eso había emprendido aquel viaje. Para ser libre. Para dejarse vivir por la vida sin opiniones, sin juicios, sin expectativas. Únicamente como experiencia; disfrutarla sin llegar a importarle lo que ocurriese en su vida.

Pero es un viaje que empieza oscuro. Para llegar al otro lado hay que meterse en el túnel. Es largo y da miedo.

Un día la mujer chamán le dijo:

-«Cuando estés en el túnel, no huyas. Escapar corriendo no ayuda. Sólo retrasa la salida».

– «Pero la oscuridad y la tremenda longitud de ese túnel son crueles» -respondió ella-

– «Es tu túnel -le explicó la chamán- Estáte en él, siéntelo, respíralo. ÁMALO. Cuando lo hagas tus miedos se desmoronarán de inmediato y la oscuridad dará paso a la LUZ».

– «El diseño de tu vida -siguió la mujer chamán- es el perfecto para que aprendas a vivir sin sufrimiento. Con él, la vida se ha entregado al completo para que lo logres. ¡¡Tanto amor es fabuloso¡¡»

Al escuchar aquellas conmovedoras palabras, se sintió culpable por juzgar a la vida, por no ser capaz en ocasiones de apreciar su enorme generosidad. Fue la primera vez que quiso seguir en el túnel, paciente, experimentando la tremenda oscuridad, que era suya, como también le pertenecía la luz que llegaría cuando, con la aceptación ,  se disiparan las sombras, al igual que el sol hace con las nubes.

 

Cuentos de coaching2 comentarios

sidebar

sidebar-alt

© 2026 Palabras a la vida Regala palabras a tus seres queridos

  • Política de privacidad
 

Cargando comentarios...
 

    Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies

    Configurar cookies

    Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.

    Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.

    Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.

    Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.